#24 – Generación LEGO Pandemial, by Isabel Salazar – Madrid

Tengo que confesar que nunca había jugado (o montado) un Lego en mi vida hasta este año. Tuvo que llegar una pandemia para forzarme a mí misma a enfrentarme a cientos de mini piezas con optimismo. Siempre me pareció un juego para “freaks”, por favor no enfadarse con una servidora, desconocía totalmente este mundo.

Hace más de un año, los amigos del colegio de toda la vida me regalaron por mi cumpleaños la caja de Lego de la cafetería de la archi-famosa serie Friends, mi serie preferida de todos los tiempos. He de decir que miré la caja y pensé inmediatamente que quedaría muy bien en mi trastero, donde la encontraría dentro de 20 años cubierta de polvo. Y eso sucedió, estuvo olvidada encima de un armario durante meses.

Mientras tanto, pasaron las Navidades, y a mi hija de dos años los Reyes Magos le trajeron un palacio de hielo de Frozen de Duplo. Y ahí empezó a despertar mi interés, me dije: “vaya, puedo montar un edificio bastante mono de 5 piezas”. De ahí pasé a un trenecito para niños de más de 3, y poco más.

Entonces llegó Semana Santa, la más triste de mi vida hasta el momento, confinados totalmente, solamente se permitían las actividades esenciales, y encima llovía. Con una niña pequeña en casa, no había manualidades suficientes en YouTube como para pasar el rato, y además no se podían hacer pasteles porque ¡no había levadura en ninguna tienda! Y fue entonces cuando me acordé de la caja: “¿y si nos enfrentamos a esto?”, le dije a mi marido, “estás loca”, me respondió él. Pero logré convencerle y aunque nos costó ordenar las piezas y encontrar un mecanismo de trabajo, finalmente dimos con la clave. Separar bien las bolsas, no permitir que se mezclen, ordenar por color y tamaño, y utilizar a nuestra hija como asistente para que nos fuese pasando las “fichitas”. Dos tardes de 4 horas cada una, bastante entretenidas, en las que el tiempo pasó volando, un resultado final muy satisfactorio, y por supuesto, la foto final de Instagram molona.

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Después de esta experiencia, no paro de buscar nuevos retos Lego, por si las moscas. Compré una caja gigante tipo “ladrillito rosa de Lego” y ahí guardamos todas las fichas Duplo. Y a decir verdad, ahora casi todas las tardes juego un ratito con mi hija a construir carreteras, palacios o lo que se tercie.

Dicen que la generación “pandemial”, a la que pertenecerán mis dos hijas, crecerá acostumbrada al distanciamiento social. Espero que no sea así, pero en cualquier caso, siempre les quedarán los recuerdos de jugar a montar construcciones Lego en las tardes más duras de la pandemia

Isabel Salazar – Madrid